Recursión-reflexiva : Nuestra responsabilidad

Por Ximena Dávila y Humberto Maturana

En Historia de nuestro vivir cotidiano (2019) escribimos : 

“ Sobre la conducta ética humana espontánea
Al destacar el carácter recursivo de nuestro convivir en el lenguaje –cosa que enfatizamos al hablar de lenguajear-, nos encontramos con que espontáneamente se revela en nosotros la sensorialidad relacional íntima que nos lleva a un actuar ético en el que deseamos evitar que las consecuencias de nuestros actos nos dañen a nosotros, a otros u otras, o al ámbito ecológico que nos hace posibles.

¿Cómo ocurre aquello? Al señalar el carácter espontáneo de la conducta ética, lo que estamos diciendo es que no se da desde un acto discursivo o desde una mirada trascendente indicativa de lo que es bueno o malo en sí. Así, lo espontáneo en este caso hace referencia a una configuración de sentires íntimos que nos lleva a actuar de una manera ética sin mediar un acto deliberativo previo. Actuar que lleva consigo la mirada y el sentir ético que forma parte de nuestro modo fundamental de relacionarnos desde niños y niñas en nuestro vivir y convivir colaborativo espontaneo en la familia. Vivir y convivir que a veces es trastrocada por la cultura que vivimos desde teorías que validan la competencia que niega al otro. Pero, como nuestros sentires íntimos se expresan en nuestra corporalidad, no dejamos de vivir una contradicción que nos hace sentirnos responsables de las consecuencias negativas de nuestros actos cuando estos no son éticos.

Esto es aparente en lo que hacemos cuando vemos que alguien se ha accidentado y surge esa inclinación inmediata a acudir en su ayuda… si no lo ayudamos y seguimos nuestro camino surgen en nuestra intimidad el malestar de la culpa o vergüenza. “Tenía todo a mi disposición para ayudarlo y no lo hice”, es lo que nos decimos. Eso es lo que empieza a ocurrir cuando el niño o niña aprende a darse cuenta de lo que hace orientando su mirada hacia sí mismo o sí misma y sus circunstancia, incorporando de manera natural el darse cuenta de lo que hace en su vivir y convivir. El darse cuenta ocurre espontáneamente en un mirar más amplio que lleva a la persona a evitar las consecuencias que puedan dañar la armonía relacional de su quehacer… porque le importan las otras personas, la mamá, el papá, los hermanos, los amigos, el entorno natural… desde un aprendizaje que se da desde la infancia en una convivencia en el mutuo respeto y la honestidad como un modo natural de vivir y convivir familiar.

Evitar las consecuencias que puedan dañarnos a nosotros mismos, a otras personas o el ámbito más amplio que es el nicho ecológico que nos hace posibles, es cuidar la armonía relacional y operacional con todo cuanto hacemos o decimos. Nuestro vivir no ocurre en un vacío relacional y operacional. La conservación de la coherencia relacional y operacional con el medio que surge con nosotros como nuestro nicho ecológico ocurre al deslizarse en la tangente del bien-estar momento a momento. Por ello, un actuar ético espontáneo trae consigo bien-estar, en la armonía íntima de sentirse partícipes de un cosmos más amplio que la localidad de nuestra existencia personal. Nuestro vivir y convivir cotidiano es más amplio que nuestra convivencia familiar y se extiende a nuestro vecindario, el colegio, las organizaciones donde trabajamos, al grupo musical del cual formamos parte, a la biósfera y su diversidad. Nuestro actuar ético espontáneo nos lleva a que nos ocupemos de la conservación de la armonía sensorial, operacional y relacional en todas las dimensiones de la unidad ecológica organismo-nicho que integramos.

Los problemas humanos son siempre conflictos de deseos y, por esto, siempre implican elecciones en el ámbito ético: ¿queremos o no queremos las consecuencias de lo que queremos hacer? Al reflexionar sobre esto descubrimos las siguientes disposiciones sensoriales, operacionales y relacionales que, al tener acceso a ellas, nos llevan a una conducta humana ética espontánea frente a cualquier problema que surja en nuestro convivir social:

● Querer vivir y convivir en el dejar aparecer.
Conocer, poder describir cómo ocurre lo que nos ocupa.
Entender, ver la trama relacional local en que algo ocurre.
Comprender, ver la trama sistémica amplia afectada.
Poder describir las acciones adecuadas y oportunas que hay que realizar para resolver el problema.
● Posibilidad de realizarlas.

Estas son disposiciones relacionales que se entretejen en su ocurrir y que no se deben confundir con un procedimiento o un conjunto de reglas a seguir, pues no constituyen un método, sino que solo son descripciones de configuraciones de dinámicas relacionales que, si se las observa en una situación particular, siempre llevan al que las ve a un actuar ético espontáneo… si no tiene una teoría con la que quiera justificar su no hacerlo.

Querer vivir y convivir en el dejar aparecer

El dejar aparecer es una disposición, un modo de estar en el vivir y convivir sin exigencias, sin expectativas sobre sí mismo o sobre el mundo que a uno lo contiene y hace posible. Y hacer eso no es algo fácil en la cultura de competencia en la que se busca el ser dueño de la verdad única, mi verdad, esa que me daría poder en la “obediencia” de otros y que, como me da poder, no estoy dispuesta o dispuesto a soltarla.

El dejar aparecer implica un mirar que no se da desde la óptica de una teoría, doctrina o ideología que enceguece, sino que en el encuentro que ve la legitimidad de lo que hay cuando aparece, y se está dispuesto a rechazarlo cuando viola nuestra disposición ética. Es estar dispuestos a soltar lo que creíamos conocer o saber porque nos damos cuenta de que estábamos equivocados. No vemos sin dejar aparecer y el dejar aparecer es aquello a lo que nos referimos cuando hablamos de amar.

Conocer, poder describir cómo ocurre lo que nos ocupa

Cada vez que decimos que conocemos algo y nos preguntan ¿Cómo conocemos?, respondemos con un hacer, aunque no nos demos cuenta de aquello. Conocer no es descubrir la esencia de algo; no es caracterizar el ser en sí. Cuando respondemos a la pregunta si conocemos algo y decimos sí, ampliamos nuestra respuesta describiendo un conjunto de haceres diciendo: “Si usted hace esto y esto…” se encontrará viviendo la experiencia que evocamos cuando decimos que conocemos aquello de lo que hablamos. Toda pregunta por un saber o un conocer se contesta describiendo un hacer y las circunstancias en que habría que hacerlo. Si no podemos describir cómo ocurre el conflicto, no lo conocemos y no podemos descubrir lo que hay que hacer para resolverlo.

Entender, ver la trama relacional local en que algo ocurre

Entender es darse cuenta de las relaciones sistémicas locales en que tiene lugar aquello que nos ocupa, el conflicto en este caso, en una disposición relacional que nos permite conectar lo que hacemos o sabemos en el ámbito de coherencias locales en el que lo que ocurre hace sentido. Si no entendemos la localidad en que ocurre el conflicto no entendemos su carácter relacional y no podremos saber cómo actuar en las circunstancias en que se encuentra.

Comprender, ver la trama sistémica amplia afectada

El ver la conectividad y amplitud de la trama sistémica relacional en que un suceder particular ocurre es fundamental para darse cuenta de las consecuencias que pueden surgir de su ocurrir o no ocurrir. Y si no vemos esa trama sistémica no tenemos cómo darnos cuenta de dónde, cuándo, qué y cómo debemos actuar para evitar o resolver problemas que surjan en la localidad en que ese suceder particular debe suceder o no suceder.

Poder describir las acciones adecuadas y oportunas que hay que realizar para resolver el problema

Si no vemos que algo sucede, si no conocemos cómo op-era, si no entendemos cómo ocurre en su localidad y no com- prendemos la trama relacional sistémica en la que el operar de un cierto sistema hace sentido, no tenemos cómo diseñar un hacer adecuado y oportuno frente a cualquier dificultad que surja en operar de ese sistema. Esto es, solo si vemos un problema en el operar de un sistema, si conocemos las circuns- tancias íntimas de su operar que se alteraron, si entendemos las relaciones locales que se interfirieron y si comprendemos cómo se afecta la trama sistémica amplia en que ese sistema opera, podremos diseñar una solución.

Posibilidad de realizarlas

Si tenemos la posibilidad y oportunidad de realizar las acciones adecuadas y efectivas que resuelven el problema que nos ocupa, nos encontraremos inmediatamente dispuestos a realizarlas en un sentimiento íntimo espontáneo de responsabilidad ética, y lo haremos con placer y encanto. Y, si no lo hacemos, tendremos un argumento que nos justifica y que oculta algún resentimiento íntimo que no queremos confesar, y mentiremos. Pero si no tenemos los medios, la oportunidad, el entendimiento o la habilidad para aplicar nuestro saber y nuestro entender en la solución del problema, no podremos hacerlo y nos sentiremos frustrados, incompetentes y deprimidos, o buscaremos ayuda explicando lo que hay que hacer.

Llamamos a estas disposiciones relacionales y operacionales que resuelven un problema social y que nos llevan de manera espontánea a actuar de manera adecuada, pilares de la conducta social ética espontánea.

Cuando un músico se integra a una orquesta sinfónica, el director primero lo invitará solo a escuchar lo que hacen sus compañeros de orquesta. El músico, que ya ha estudiado el pentagrama, ahora escucha atendiendo cómo se van armonizando las distintas melodías. Hay cierta desorientación al comienzo… Hasta que llega el momento en que comienza a entender el contexto armónico de la melodía particular que le toca realizar en relación con el resto de los instrumentos musicales. Y en el seguir el flujo de la partitura, ahora ya en el conocer, en el entender y el comprender, facilitado por el dejar aparecer, el músico se integra a la estética que entrega la armonía del conjunto musical que surge de la orquesta, orientado por la conducta del director.

En el dejar aparecer, en el conocer y el entender, nos encontramos en el acto poético que describe la experiencia y formula el mecanismo generativo que la explica en conjunto con otras experiencias en el entendimiento que las armoniza. “ (Dávila & Maturana, 2011, pp 103-107)

Renovales sobre la conducta ética espontánea

El entendimiento en biología-cultural, es dinámico en cuanto a las ideas que la constituyen. Siempre estamos reflexionando, observándonos en nuestro pensar y remirando si estas ideas hacen o no hacen sentido en nuestro convivir cotidiano.

Y así llamamos renovales a las nuevas ideas que van apareciendo y que surgen en la recursividad de las ideas anteriores.

Este es el caso de “Los pilares de la conducta ética espontánea.” Ellas surgieron en el año 2009 como Conocimiento, Entendimiento y Acción Adecuada a la Mano, a propósito de una conversación que Ximena sostuvo con Humberto donde él cuenta una bella historia de cómo su mamá Goga, quien fue asistente social había logrado hacer una campaña para controlar y también erradicar la sífilis que en ese momento afectaba a las personas en el Puerto de Valparaíso.

Y después en el sentido de la recursividad reflexiva en este presente hoy son 7 los pilares. ¿Y cómo aparecen? Al alero de lo que es un convivir democrático: “Un observador distingue democracia como un modo de convivir en el mutuo respeto, la honestidad que deja aparecer la colaboración”

En la Democracia que es este modo de convivir, la conducta ética tiene que ser espontánea, pues “en la intención” desaparece la espontaneidad ética y la posibilidad de un convivir democratico, ya que con ella surge la manipulación en el sentido de querer algo que deseo para lograr ya sea fama, votos, éxito, lucro, u otras de las tantas conductas que son tan propias de este presente cultural centrado en la competencia, en el sometimiento, y en la falta de mutuo respeto, pues hay siempre apegos a “verdades”, “ideologías”, “teorías” que impiden la reflexión.

En los 7 pilares de la Conducta Ética como una manera de relacionarse, enfatizamos hoy lo que significa la espontaneidad, y destacamos la factibilidad, y el estar consciente de lo que se hace.

Lo espontáneo: es aprendido por los niños y niñas en su familia como su modo de vivir natural y va a ser esta conducta ética el fundamento no pensado sino que realizado en su conductas de manera espontánea. Como lo es hoy de espontáneo en los niños y niñas el “ganar” “ser el mejor que otros y otras” – ¡mamá hoy día me saque la mejor nota en todo el curso!- ¡papá hoy me esforcé mucho y gane la carrera a todos mis otros compañeros! – Es muy extraño que un niño o niña diga: – ¡mamá disfrute mucho las preguntas que hizo el profesor, y me las sabía todas! – ¡papá hoy día lo pase tan bien en la carrera, la pase muy bien! El ganar, el competir, el ser mejor que otros es parte hoy de nuestra conducta espontánea.

La factibilidad: Esta incluye todo lo que es necesario para realizar el hacer adecuado a lo que se desea. Por ejemplo si hay necesidad de construir un puente sobre un río para unir dos comunidades que en tiempos de lluvia no pueden cruzar a pie, la factibilidad implica disponer de todos los medios necesarios para hacerlo: acuerdos sobre donde poner el puente, los permisos oportunos y tener los recursos humanos, materiales y económicos necesarios.

Estar consciente: Es saber, darse cuenta de lo que estoy haciendo. Si estoy consciente de las acciones oportunas y adecuadas y no hago lo que ellas me dicen ¿qué estoy conservando?

Los 7 pilares de la conducta ética espontánea

  1. Querer convivir en el dejar aparecer: en el ver al otro, la otra, lo otro, en el mutuo respeto, la honestidad que deja aparecer la colaboración. Me importan las personas que constituyen el ámbito de convivencia que integró y quiero integrar. Y soy consciente de que necesitamos para nuestra subsistencia el bien-estar del mundo natural, en el deseo de convivir en coherencia con él. Para que esa armonización del mundo humano con el mundo natural, sea posible hay que dejarlo aparecer, en el amar.
  1. Conocer, es poder describir cómo ocurre lo que nos ocupa: qué situación constituye nuestro problema, poder describir cómo estamos haciendo lo que estamos haciendo, y que al hacerlo genera desarmonía en la convivencia humana y con el mundo natural. Yo sé lo que ocurre, porque he mirado su suceder.
  1. Entender: ver la trama relacional local en que algo ocurre: Yo se ahora lo que sucede y que constituye el problema y cuales son las consecuencias en el ámbito del convivir humano y se también como afecta al mundo natural.
  1. Comprender ver la trama sistémica amplia afectada: y puedo distinguir más allá en el observar la matriz de configuración de sistemas en que algo ocurre. Entendiendo cómo se afectan nuestras relaciones de convivencia cultural y en la biosfera. Yo se ahora a quien o quienes afecta.
  1. Poder describir las acciones adecuadas y oportunas que hay que realizar para resolver el problema: sabemos, entendemos y comprendemos cómo afecta al convivir de los seres humanos y a la biósfera, una acción o situación en un ámbito particular, ahora soy
    consciente de las «acciones adecuadas y oportunas a la mano».
  1. Posibilidad de realizarlas: Ampliando la mirada a la conducta ética efectiva y espontánea. Soy consciente, generando una oportunidad reflexiva ya que si sé lo que hay que hacer, y no tengo las condiciones para hacerlo ¿qué hago?

a) Buscar otro camino. O se reformula el problema. O solicitamos ayuda y colaboración. Y se abren otras posibilidades.

b) Pero si hemos encontramos la acción oportuna y adecuada para resolver el problema, y tenemos las condiciones y la factibilidad para actuar de acuerdo a ese saber, lo resolvemos. ¡Aleluya!.

  1. Coherencia en la conducta ética espontánea: Y si no lo hacemos significa que lo que dice en 1 no ocurre, ya que cualquier acción al respecto se verá imposibilitada si no hay mutuo respeto, honestidad, que deja aparecer la colaboración. Al ser conscientes de lo que sucede, y si no lo hacemos ¿Qué estamos conservando?.

Referencias Bibliográficas


Dávila, X., & Maturana, H. (2009). Hacia una era post postmoderna en las comunidades educativas.Revista Iberoamericana de Educación. Nº 49. Pp. 135-161 .

Recuperado de https://rieoei.org/historico/documentos/rie49a05.htm


Dávila, X., & Maturana, H. ( 2019) Historia de nuestro vivir cotidiano. 1ra. Edición. Editorial Planeta Chilena S.A. Santiago.