“La reflexión es un acto en la emoción en el que soltamos nuestras certidumbres sobre nuestros sentires y saberes, y nos preguntamos si en verdad sabemos lo que decimos que sabemos. El acto de reflexión siempre nos lleva a un espacio sensorial-operacional-relacional que es intrínsecamente nuevo, y que no es deducible de ninguna situación sensorial o relacional anterior a ella. La emoción que hace posible la reflexión es el amar-amarse en el respeto por sí mismo pues, el respeto por sí mismo es el único dominio operacional-relacional en el que es posible no temer desaparecer en el acto de soltar las certidumbres sobre los propios saberes y los propios sentires.

Al reflexionar, nuestros sentires íntimos se transforman-cambian y entramos a vivir nuestro presente en una orientación emocional diferente, y que un observador vive-ve como un cambio de espacio operacional-relacional que crea la posibilidad de escoger-elegir el vivir que se quiere vivir. En la reflexión nos damos cuenta de cuáles han sido nuestros sentires y nuestros quereres, y nos encontramos en un nuevo presente sabiendo que, en este ahora, sabemos desde dónde pensábamos y sentíamos lo que pensábamos y sentíamos.

Al mirar en un acto reflexivo el presente que hace un instante vivíamos, nos encontramos con que nuestros sentires y deseos pueden haber cambiado, y descubrimos que podemos actuar, en cada acto recursivo de reflexión, con un mirar más amplio en el que nos hacemos conscientes de que sabemos, o de que podemos saber, lo que implica lo que queremos hacer antes de hacerlo. Al hacer esta recursión reflexiva, podemos ver que el vivir-en-el-paraíso ocurre en el vivir en los sentires íntimos del bien-estar del ver y actuar sin-esfuerzo del amar; y podemos ver también que el vivir-en-el-infierno ocurre en el vivir en los sentires íntimos del esfuerzo de las exigencias y de las expectativas de otros o de nosotros mismos que surgen en el desamar. Y es, desde este ver nuestro ver, haciéndonos conscientes de nuestro presente en el darnos cuenta de nuestros sentires íntimos desde la recursión de nuestro reflexionar, que podemos ver nuestros quereres y que podemos, desde ese ver, escoger preguntarnos si queremos vivir el vivir que decimos que queremos vivir.”

Fragmento de: Humberto Maturana Romesín, Ximena Dávila Yáñez. “El Arbol del Vivir”.

 

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