Hoy las comprensiones que las mujeres hemos alcanzado en nuestra maravillosa diversidad parece revelar una extraordinaria conexión con otras mujeres, en la coincidencia de los espacios de dolor, tanto del machismo y la misoginia que genera esta cultura, y también en el deseo de alcanzar la anhelada igualdad de género. Nosotros desde el entendimiento de la biología-cultural y con ello de la clase de seres que somos, pensamos que el curso que puede seguir este proceso es fundamentalmente de carácter psíquico, de naturaleza emocional y, ciertamente, relacional…sí, las mujeres tenemos mucho que decir y hacer en el camino de la transformación individual-social.

Las transformaciones culturales que han ocurrido a lo largo de nuestra deriva histórica han ido dejando en evidencia lo dolorosa que ha sido esta cultura patriarcal tanto para mujeres como también para los hombres, pero especialmente para las mujeres. ¿Por qué? Porque es una cultura de apropiación, de control, de dominación, de jerarquía, de autoridad , de desconfianza, como también de valoración de la procreación y con ello del rol definido y esperado de la mujer en los distintos espacios de la convivencia.

Vivimos un presente contradictorio, se sigue sosteniendo la oposición cultural principalmente de modo inconsciente entre el hombre y la mujer de variadas maneras, muchas veces se sostienen conversaciones patriarcales sin que nos demos cuenta de ello, donde se somete a la mujer, negando su autonomía y dignidad, estas conversaciones muchas veces sutiles donde se atribuye la emocionalidad, la inconstancia, lo poco racional, lo insegura o la superficialidad como características que ella posee, versus las cualidades que el hombre posee y que ella carece, como son la fortaleza, la racionalidad, la constancia, la seguridad o la profundidad, son conversaciones generadoras de mucho dolor, pero por sobretodo traen consigo consecuencias inconmensurables en la dinámica relacional de la vida de pareja, de la vida en familia, en lo laboral, en el aprendizaje de los hijos, etc. Todas estas dinámicas han surgido en el devenir cultural y no se sustentan en nuestra naturaleza biológica.

En el contexto anterior, ¿Cómo podemos las mujeres salir de los espacios contradictorios y movernos desde una profunda armonía íntima? Las mujeres podemos ampliar la conciencia y aprender a armonizar nuestras energías, para fluir en un convivir nuevo saliendo de la exigencia de la súper-mujer, no tenemos porqué ser ella. El amarse y respetarse a sí misma implica dejar aparecer nuestra sensualidad, nuestra propia identidad, nuestros deseos más íntimos generadores de propósitos, acogiéndonos primero a nosotras mismas en la ternura amorosa, para acoger luego al otro, la otra, los otros.

Por otra parte, salir de la depreciación de la infra-mujer, abrazando nuestra historia y orientando nuestra ruta al bien-estar relacional, sin duda requiere desapegarse de la culpa por lo hecho y por lo que creemos “debimos” haber hecho, para reconciliarnos con nuestros antepasados, con nuestras familias, con los hombres y mujeres que han sido parte y son parte de nuestra historia pero sobre todo con nosotras mismas. Solo en la reconciliación podremos danzar en la armonía íntima de la gratitud, el perdón y el amar.

Carolina Carvacho