Política: ¿cuándo hacemos política en una convivencia democrática?

Frecuentemente escuchamos preguntas sobre si ciertas acciones, temas, reflexiones o conversaciones son políticas o no. La palabra política viene del vocablo griego polis que evoca a las ciudades estado de administración autónoma en que habitaban las distintas comunidades en la Grecia antigua. De modo que, aunque el diccionario comúnmente no lo dice, de lo anterior se deduce que todos los temas de la convivencia de ciudadanos en una polis estado son de hecho temas políticos. Y son ciudadanos sólo quienes son aceptados como miembros de la polis estado . En el origen de las ciudades estado griegas no todos los habitantes de la ciudad eran ciudadanos y había distintos criterios de exclusión o discriminación según si el tipo de gobierno en ella era monárquico o aristocrático. Sólo con la revolución filosófica y jurídica de Solón que entrega el gobierno de la ciudad estado directamente a los ciudadanos, aparece el intento de ampliar la ciudadanía suprimiendo criterios de discriminación en la constitución de un gobierno democrático. Revolución filosófica y jurídica que al negar la discriminación introduce el amar de manera implícita, muchas veces invisible, en el fundamento último de su operar. Y esto es así porque los sentires íntimos del amar son los únicos que permiten ver que toda discriminación se funda en el desamar.

En Chile nosotros pertenecemos a una historia de convivencia que ha buscado generar y ampliar la ciudadanía democrática a todos los habitantes del país intentando encontrar un forma de gobierno que sea efectivamente participativo y no discriminador en un vivir cultural que hasta ahora se sustenta en una psiquis cultural básicamente discriminadora fundada en el desamar. Como señala Ximena Dávila una cultura ocurre como un modo de convivir definido por un modo de sentir, desear y hacer, que uno aprende a realizar y conservar sin darse cuenta desde pequeño con los mayores con quienes convive en el lenguajear y el conversar. El niño o niña aprende este modo de convivir de manera inconsciente desde su nacer habitando en las redes de conversaciones en que participa con los mayores con quienes convive haciendo lo que ellos hacen en su convivir relacional. Todos sabemos esto. Y todos sabemos también que solamente podríamos salir de una psiquis discriminadora que pudiésemos haber aprendido en nuestra infancia, en un acto reflexivo que sólo podemos aprender a hacer haciéndolo con los mayores que lo hacen en un convivir psíquico que lo permite, como el convivir democrático, porque éste está fundado en el ver del amar. En estas circunstancias, ¿qué es hacer política, o cuando hacemos política en una convivencia democrática?

Todo acto cotidiano desde comprar el pan hasta el cumplir o no cumplir con nuestros compromisos, manifestar o no manifestar las opiniones que uno tiene, valida un modo de convivir ciudadano y por ello es intrínsecamente un acto político. Todo acto humano valida consciente o inconscientemente un modo de convivir en la comunidad a la cual pertenece la persona que lo realiza, y es por ello de hecho siempre un acto político. Incluso el acto de meditar en la soledad mientras se permanece conectado con la comunidad que le permite a uno vivir declaradamente fuera de ella, es un acto político. Y todo acto político surge inmerso en la psiquis cultural- relacional de la persona que lo hace.

Las personas somos siempre creadoras, conservadoras y responsables de las comunidades, realidades y psiquis cultural de los mundos que generamos con las redes de conversaciones que vivimos y que nuestros descendientes conservarán en su propio vivir. En estas circunstancias el intento de un convivir democrático es un acto creativo, una obra de arte de la convivencia no discriminadora en el mutuo respeto, que surge como un proyecto común consciente que quiere generar continuamente un convivir que nos permita ver y corregir las discriminaciones que generamos en el devenir de cambios que nos toca vivir y que nos alejan de ese proyecto común. Tal proyecto común requiere que seamos conscientes de que todo lo que hacemos son siempre actos políticos con los que generamos y conservamos los mundos que vivimos. Consciencia ésta que solo es posible en un convivir democrático que es el único convivir abierto a la reflexión en el mutuo respeto porque es el único convivir que se funda en el ver del amar.

¿Tenemos consciencia de nuestra responsabilidad política, hoy en este presente? ¿Qué modo de convivir conservamos hoy en nuestros actos políticos cotidianos?

Humberto Maturana Romesín