“Mañana siempre brilla el sol Ximenita” me decía mi papá cuando yo vivía alguna situación difícil, lo hacía desde que yo era una niña. Y me preguntaba a mi misma- ¿Habrá alguna vez en que el sol no salga detrás de las montañas? – Y si eso sucediera ¿Qué nos ocurriría? – Sin embargo, me tranquilizaba el echo de que yo confiaba en mi papa, y veía que sí, siempre salia el sol y brillaba, a veces hasta en días de invierno como un regalo climático, o en esos días de invierno del alma.

Bueno ahora la humanidad está en uno de esos días de oscuridad, de invierno del alma con este virus que no nos quiere soltar, y que además se multiplica en nuevas cepas. Y para no caer en el estado de angustia, nos podemos hacer la pregunta, quizás poco original de ¿Qué tenemos que aprender en estos momentos, como personas, como seres humanos, como seres vivos, como seres reflexivos? o ¿Tendremos algo que aprender? O solo nos queda entrar en la busqueda de quien tiene la culpa de lo que está sucediendo, pensando que si se hubiese hecho a, b, o c ,… en un inicio, no estaríamos como estamos hoy al borde del colapso sanitario.

Pero mejor, y para entrar en un espacio mas bien optimista de meditación reflexiva, y no caer como decía en el estrecho dominio de la victimización, del miedo, de la angustia, de la apatía, del sin salida…pensemos que si mañana siempre brilla el sol, podríamos haber aprendido hoy algo positivo en mi meditación que me lleva a preguntarme ¿Qué tengo yo que aprender con esto que me esta tocando vivir?

Se nos curvo el espacio, veníamos viviendo como siempre, levantándonos en la mañana, yendo a un trabajo que nos gustaba, o que  a otros/as les parecería un tanto monótono, y por supuesto con la queja del día que nunca debe faltar, por el jefe, el marido o compañero/a; por este país, como si uno no viviera acá; y la queja que se lleva todos los premios la de los “políticos” de turno; o conversaciones alentadoras de lo planes futuros, de viajes con boletos ya comprados, de fiestas ya planificadas, de cerros por subir, y de esperanzas por un convivir de mayor bien-estar. Y de la noche a la mañana se nos curva todo nuestro espacio, y el presente que vivíamos o comenzamos a vivir con encanto se convierte en un proceso de transformación dolorosa sin vuelta atrás.

 Algunas personas llaman a esta situación un momento de gran incertidumbre, eso es cuando uno vive con certidumbres, sin embargo no hay certidumbres posibles ya que nuestro vivir ocurre solo en un presente que es continuo y cambiante. Por lo tanto podemos decir mas bien que la emoción hoy es de vulnerabilidad, de asombro ante lo desconocido, de miedo, con una gran interrogante: ¿No eramos acaso capaces de hacer todo lo que nos imagináramos con los avances que hemos tenido en los distintos ámbitos del quehacer humano? 

Y cuando llega este invitado de piedra, este virus el COVID que no reconoce colores políticos, ideologías, poderes económicos, orientaciones religiosas, que invade nuestras relaciones, nuestras vidas, nuestros rituales, por ejemplo, algo tan simple como un almuerzo  familiar un día domingo, o la celebración de un cumpleaños. Conmoción que no hace distinción de si eres un acaudalado o no, y que va a invadir desde “principes a mendigos” y además  nos vemos empujados a la Era Digital.

Empujados no invitados,  ¿Y que significa esto en nuestro modo de convivir? ¿Habrá una diferencia entre el modo de vivir que vivíamos y este modo de pensar digital? ¿Qué entendemos por el pensar digital y el pensar analógico? ¿Habrá alguna diferencia de haceres y pensares entre lo digital y lo analógico?

El pensar digital se refiere al ordenamiento del fluir de las operaciones lógicas lineales que dirigen la realización de lo que se construye. Como por ejemplo cuando un ingeniero hace los cálculos para hacer un edificio; o un pastelero hace los cálculos  de los ingredientes para hacer un biscocho; o la modista cuando calcula cuanta tela va a necesitar para hacer tal o cual diseño de vestido. Todas estas son operaciones lógicas lineales, y que el pensar digital dirigen y ordena el fluir del hacer de lo que se quiere constuir.

En cambio el pensar analógico propone y distingue los sentires íntimos, haceres, emociones, y relaciones involucrados, la mirada esta puesta en los deseos, ordena lo que se quiere vivir. El ingeniero entiende y le gusta y desea hacer lo que hace; al igual que el pastelero disfruta haciendo tortas; lo mismo la modista ama lo que hace.

Nuestro pensar digital se entrelaza con nuestro pensar analógico sin darnos cuenta. Para las personas mayores que nos vimos empujadas a la Era Digital y queriamos conservar el quedarnos conectados al espacio social o sea  al pensar Analógico ¿ que hacíamos?, bueno, desear aprender de la tecnología, y así de la noche a la mañana nos encontramos, en la plataforma Zoom o Team en un principio un poco torpes, pero con las varias horas del día que pasamos ya se nos hace mas simple, y ademas como no se puede salir a comprar lo básico por la cuarentena la alternativa es la de comprar los alimentos, o el regalo para el nieto, o el libro que queriamos leer a través de internet, y así el mundo digital pasó a ser parte de nuestro mundo, como personas mayores, que no queríamos quedarnos fuera del mundo de las relaciones tanto laborales como sociales.  Queríamos saludar a los nietos, amigos, hijos, y tuvimos que aprender a convivir con lo digital para conservar un convivir analógico.

Y ¿Qué mas tenemos que aprender?  Tenemos que aprender que el  distanciamiento espacial, que es una de las “herramientas” sanitarias, junto al uso de marcarillas,  al lavado de manos,  a la desinfección con gel, y nos abre el espacio operacional y reflexivo para realizar una meta-reflexión y escoger un hacer psíquico que es una isofora[1] con respecto al hacer relacional. La forma de las relaciones operacionales, en este caso que evitan el contagio viral la vamos a pasar como una isofora en nuestro cuidado psíquico para evitar la contaminación de ideas distorcionantes como fanatismos.

Este virus que ni siquiera es un ser vivo, nos invita a “higienizarnos física y psíquicamente”, podemos si queremos leerlo como un mensaje orientador: “seres humanos, terrícolas, estén un rato largo en silencio reflexivo, ensimismados en “vuestro pensar”;  limpios de rabias, sin atraparse en fanatismos y resentimientos, y en dinámicas competitivas destructivas; alejen las malas acciones y pensamientos que dañen su libertad reflexiva; y comprendan que son en relación con otros y otras, que son seres sociales, que se necesitan los unos y los otros y otras, para un convivir armonico, entres ustedes y el mundo natural. Reflexionen y conversen: ¿Cómo estan viviendo hoy y como estan haciendo lo que estan haciendo? ¿Desde dónde ser humano amoroso, nace tanta deshonestidad en ustedes? ¿Cuándo fue que el respeto reciproco se les esfumo y se volvió solo una frase que ha quedado en el olvido?”.

“Higienizarnos física y psíquicamente”, nuestra forma de actuar, de pensar, de relacionarnos, de co-existir con el mundo natural, ya que todos somos los generadores de los mundos que vivimos es una gran oportunidad. Al mundo natural no le importa nada lo que hacemos, es a nosotros los que reflexionamos a los que nos debe importar.

Y además esta pandemia nos da el golpe de gracia con la posibilidad de que la muerte esta ahí, a un metro de distancia, al lado como el gran verdugo que nos genera temor ante lo inesperado.  Por eso y por muchas cosas mas ha llegado el momento de tomar en serio que solo somos una “brizna de polvo en el universo” [2] y que el tiempo de vivir y convivir juntos, de disfrutar nuestra mutua presencia es corto; no lo desaprovechemos en discusiones, en pelambres, en malas energías, todo lo contrario demos lo mejor de cada uno, total “mañana siempre brilla el sol” lamentablemente hoy día solo para algunos, esperemos que mañana sea para todos y todas.

Comparto con ustedes esta reflexión de Carl Sagan (1996), más vigente que nunca:

Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. Ahí ha vivido todo aquel de quien hayas oído hablar alguna vez, todos los seres humanos que han existido. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cada cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada niño esperanzado, cada madre y cada padre, cada inventor y explorador, cada maestro moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y cada pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí: en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol. La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Nuestro planeta es un solitario grano de polvo en la gran penumbra cósmica que todo lo envuelve.

En mi opinión, no hay mejor demostración de la locura que es la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, recalca la responsabilidad que tenemos de tratarnos los unos a los otros con más amabilidad y compasión, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que jamás hemos conocido.

Ximena Dávila Yáñez


[1] Isofora: palabra inventada por Humberto Maturana para referirse a cuando uno traslada una configuración relacional a otro dominio diferente.

[2] Carl Sagan