El pañuelo hoy sí, mañana no…¡yo decido!

Pañuelo bien puesto,  el controvertido artículo de El Mercurio, que destacaba como una de las consecuencias de la pandemia era el relajamiento, especialmente en el caso de las mujeres de la necesidad de arreglarse,  me recordó el documental Miss Representation, el cual destacaba como los medios de comunicación van “vendiendo” a los jóvenes la idea de que el valor de las niñas y las mujeres radica en su juventud, belleza y sexualidad, parámetros definidos por los mismos medios y la industria de la belleza. En el caso de los niños y los hombres, es diferente la idea es que su éxito está ligado al dominio, al poder y la agresión. 

Así a lo largo de la historia se han ido realizando, generando y conservando de modo silencioso, haciendose natural con el paso de los años, los estereotipos sexistas y de género, alejándonos del aprecio a  la armonía en la diversidad de estilos tanto en hombres como en mujeres más allá del sexo o género, y sosteniéndose la exigencia hacia la mujer solo por serlo, y rigidizando al hombre en sus emociones solo por ser hombre.  

Hijos e hijas de esta Cultura patriarcal-matriarcal que nos envuelve, hemos aprendido también a pensar en términos del deber ser, en ámbitos jerárquicos, de éxito y de perfección, a pensar de un modo fragmentado y  con ello a un sentir íntimo en continuas contradicciones desde donde emergen emociones dañinas de validación de si misma que no van por la senda del auto-respeto  sino de cuan bella, atractiva, sensual, se vea frente al resto de las personas. Se nos ha definido la belleza y la fealdad en la prensa, en la televisión reforzando este concepto con usar a la figura de una mujer para ofrecer un refresco, o un lavalozas, o un auto, donde lo que vale es la exposición del cuerpo de la mujer. Desde pequeñas se nos ha dicho, cómo debemos ser y estar para los otros, pero  muy pocas veces  sobre cómo estar para sí y muy pocas veces nos han preguntado ¿Cómo te sientes tu contigo? ¿Cómo tú te sientes comoda? Y esa es la principal tarea de esta época en la que ya algunas personas son conscientes que mientras mas autonomía logre un niño, niña o jóven mas oportunidades tendrá de elegir desde SI lo que desea para su vivir desde conservar el respeto y la dignidad por sí mismo o misma.

Ningún ser humano, ningún hombre, ninguna mujer puede salirse del dominio de su existencia, este dominio tiene la concretitud del hacer en el día a día, es decir la inmediatez de su propio vivir, y ¿Cuál es nuestro vivir y convivir? Bueno nada más y nada menos que nuestro vivir y convivir cotididano que se extiende desde un amanecer a otro amanecer y que lo realizamos, y generamos con otros y otras conversando, o en soliloquio…esa conversación que uno tiene con uno mismo, en silencio.

En nuestra historia humana hemos aprendido a vernos en lo cotidiano  a través de los otros, a través de los ojos de otros, a través de las palabras de otros, a veces esos ojos nos han abrazado en la ternura del amar, las palabras han estado envueltas de aprecio y comprensión, en otras  hemos vivido el desprecio, la tristeza y el dolor. Hemos aprendido el amar, amando y siendo amados, y hemos aprendido el desamar en el desamar porque el amar se ha puesto en juego, hemos aprendido a valorar nuestro cuerpo o a despreciarlo, hemos aprendido a respetar como nos sentimos, o a no hacerlo.

Nos transformamos en la convivencia con otros y otras, en esa historia de transformación  vamos asumiendo los criterios de belleza y estética,  de lo que es permitido y lo que no nos es permitido, y esa deriva interaccional no es superficial, marca a fuego la llamada “última moda” tanto a mujeres, principalmente, como a hombres, se transforma como en un vale o código de pertenencia e identidad a un cierto ámbito o comunidad que te acepta o rechaza según cumples o no con esos canones. Entonces ¿Dónde cobra sentido la belleza?  Cobra sentido y relevancia según sean o hayan sido lo que hemos aprendido en la familia, cuan apegados están o estaban a los canones establecidos de belleza establecidos, la escuela o colegio, por gustos personales, y según las distintas sensibilidades y experiencias en lo cotidiano.

¿Y que sucede cuando una mujer se siente incomoda y no acepta la imposición de esos canones de belleza establecidos? ¿Cómo podemos sentirnos plenas, si debemos vivir el día día, buscando encajar o estar de un determinado modo para cumplir patrones de belleza? ¿Cómo podemos ser felices si no podemos vivir en armonía con nuestras circunstancias?

Una niña , una mujer  que explora con su cuerpo frente a un espejo en el candor de explorar su cuerpo, como parte natural de su vivir  y de transformar su estar en el presente en la libertad creativa, genera un mundo para sí, distinto a aquella que lo hace en una dinámica relacional de exigencia, en la obligación de estar de un determinado modo porque parte de su valor es como se vea para un otro, porque lo que digan tiene que ver con su imagen pública, aunque esa imagen no surja en coherencia a como está en lo íntimo. ¿Cómo puede vivirse en la armonía íntima si estamos en un espacio así?

Este presente ha sido un momento histórico especialmente trágico y doloroso, las familias viven a diario a la sombra de la pérdida y la muerte, se ha retrocedido no solo en equidad social, sino que además, en igualdad de género. Existen indicadores que señala ONU, que datos de la Organización Panamericana de la Salud, en América Latina y el Caribe, de cada tres mujeres al menos una ha experimentado violencia física o sexual a lo largo de su vida y, según la CEPAL, en 33 países de la región, solo en el  2019, las mujeres asesinadas por el solo hecho de ser mujeres superaba las 3,800, destaca como la pandemia ha acrecentado la brecha y ha aumentado la violencia estructural. En este presente, donde el dolor nos toca a diario, parece increíble que nos preocupemos de conversaciones tan vanas como el de la apariencia, y por supuesto, se busque y se aconseje sobre la normatividad estética.

¿Cuál es la responsabilidad de los medios de comunicación con los derechos humanos y lo compromisos que estos tienen con el aprendizaje de las niñas y mujeres?. Es asumir un compromiso sincero y concreto con los derechos humanos y los compromisos que se adquieren, con los objetivos de desarrollo sostenible y con su rol de educador social, entender como sus publicaciones tocan la dignidad de las personas, por lo que pueden contribuir a conservar criterios sexistas como a disolverlos, pueden contribuir al respeto y dignidad de las mujeres y niñas, o contribuir al machismo y la misoginia.

Sin duda, en lo cotidiano podemos encontrarnos con muchos actos sexistas, y espacios de mucha exigencia. En estos espacios en que nos sentimos exigidos los seres humanos, sentimos por lo general angustia y/o malestar relacional; sin embargo, podemos las mujeres movernos desde el respeto a nosotras mismas y salir de los espacios de exigencia impuestos. ¿Cómo? La llave es siempre la misma, ampliar la consciencia y dejar que aparezca la dinámica de la reflexión que nos hace abrir la mirada y darnos cuenta que cada vez que nos sentimos exigidas a cumplir ciertos criterios externos de belleza, estamos en un espacio de depreciación, victimización consciente o inconsciente, donde buscamos cumplir esos estereotipos y prejuicios.

Si lo hacemos desde ahí, nos estamos sometiendo y reproduciendo esta cultura, razones pueden haber varias,  porque no aceptamos el presente que podemos brindar y brindarnos, porque sentimos miedo a las consecuencias de no hacer lo que esperan que hagamos, de no estar como se acostumbra a que esté, porque nos sentimos inseguras y necesitamos pautas externas para tener algo de esa seguridad perdida, entre otras muchas razones, que revelan donde estamos respecto a nosotras mismas.  

Si queremos honestamente usar un pañuelo, un cosmético, un pinche en el pelo, o no usar nada de eso, que sea desde nuestra propia libertad creativa y reflexiva, porque lo queremos hacer, este día y no otro, primeramente para uno, en la armonía dinámica que orienta nuestro propio bien-estar. Sin duda, la danza estética que guía los sentires íntimos a la belleza de la dignidad humana, es una obra dinámica, que siempre puede encontrar el camino en el amar, que deja aparecer en el respeto a sí misma.

Por Carolina Carvacho y Ximena Dávila