Una silenciosa ráfaga de viento, con aroma a tierra húmeda… un rayo de sol tiernamente ilumina entre las nubes, ilumina el paisaje… aparecen. ¿Cuánto tiempo transcurre en el día, en la semana, en el mes, en el año? ¿Cuántos amaneceres, cuántos atardeceres, cuántas nubes, cuántos aromas suceden sin que seamos conscientes de este encuentro donde dejo aparecer la naturaleza en mí? 

Esta pandemia también nos ha revelado la importancia de esta conexión, de volver a las raíces, no tan solo de tener la posibilidad de elegir el mundo que queremos  escoger vivir, sino que también para mostrarnos cuán necesaria es esta conexión, que está a la mano. La libertad de mirar el cielo sin fronteras, el inspirar y sentirnos  vivos, en la simpleza de un atardecer sobre las montañas… sin duda se convierte en una  energía centradora que nos invita a sentirnos, en el aquí y ahora, dejarnos aparecer en plenitud con los sentires y  emociones que emergen cuando lo vivimos en la  honestidad, desde la curiosidad con nosotros mismos.

Sin duda este espacio de reflexión nos invita a preguntarnos sobre cómo nos hacemos conscientes de la importancia de generar detentes en nuestras vidas para ver ¿Cómo me siento?; ¿Cómo estoy?, o  tan sencillo de contemplar a mi  alrededor…

Nos encontramos viviendo y buscamos respuestas a estas preguntas, al darle paso a este encuentro con la energía de la madre tierra, se abren espacios para la transformación de nuestra sensorialidad íntima. Es una invitación a ampliar nuestra consciencia sobre,  nuestros modos de vivir, de los mundos que estamos generando y que traemos a nuestras vidas en la convivencia.

Si somos conscientes de las reflexiones que nos genera este espacio de conexión, podemos también empezar a reconocernos en el bien-estar en conjunto con ella. Nos damos cuenta de que a la vez somos nosotros mismos quienes lo podemos encontrar, somos al mismo tiempo los únicos que podemos generar armonía y recuperar esta conexión íntima y respetuosa con la naturaleza… un acto de humildad, amoroso, en el deseo de convivir, de transmitir a nuestros linajes la reconstrucción de un mundo con esperanzas. Nosotros venimos de la naturaleza, somos naturaleza, aún cuando esta cultura se haya olvidado de ello. 

Por Constanza Eggeling