A propósito de nuestro presente en Chile, les presentamos este escrito que ya fue compartido con ustedes, fue escrito en co-autoría con el doc, y que hoy hace pleno sentido ad-portas de lo que estamos viviendo como chilenos. 

Comenzamos con preguntas reflexivas, que podemos hacer o quizás ya nos las hicimos , y cuya respuesta va a depender del contexto en el que estemos como personas y como chilenos. 

¿Qué nos está pasando a nosotros los chilenos, que abrazamos la democracia con tanto jubilo? 

¿Tendremos claridad de lo que significa un convivir democrático? ¿Será lo mismo qué adoptar una teoría?

Entonces: ¿De qué hablamos cuando hablamos de democracia?  

En su inicio la democracia surge en Grecia en el VI antes de cristo como un intento político de abandonar todo sistema de gobierno social autoritario mediante un acuerdo de convivencia armónica basado en la honestidad, el conversar reflexivo desde el respeto recíproco. Un conversar que permite cambiar de opinión en la continua conservación recursiva de ese modo de convivir. 

La democracia, no es una teoría o una ideología política, sino que es un modo de co-existir y con-vivir que admite cualquier cambio operacional que surja en un acuerdo reflexivo y que conserve todos los fundamentos operacionales, relacionales, emocionales que la hacen posible.  

Dicho de otra manera, la democracia es un modo de convivir que solo se puede realizar en una comunidad humana en la armonía de un acuerdo político de igualdad de derechos y responsabilidades de todos sus miembros en la honestidad del mutuo respeto. 

Todo esto es sencillo, pero se hace difícil cuando nos sentimos dueños de la verdad desde el apego a alguna teoría filosófica, política o mística, que nos atrapa negándonos la posibilidad de revisar, los fundamentos desde donde afirmamos lo que afirmamos desde ella. 

Y cuando eso nos sucede dejamos de escucharnos y empezamos a conducirnos de un modo en el que no escuchamos; no vemos; no sentimos; no conversamos;  no reflexionamos, entrando en un espiral de negación del dolor o sufrimiento de otros seres humanos y de la biosfera. 

Y ¿porque esto nos sucede? 

Por ignorancia o por no estar dispuesto/as a cambiar de opinión, en la ingenua idea de estar entregados ciegamente y apegados a ideales, de que la salvación de tanto dolor cultural, esta en lo que mandata esa teoría o ideología desde un trasfondo moralista. 

La ignorancia no es un peligro cuando somos conscientes de que “se sabe lo que no se sabe”, y estamos dispuestos a aprender. La ignorancia ciega es un peligro cuando “no se sabe que no se sabe”, y se actúa desde algún fanatismo o de alguna creencia sin fundamentos y no estoy dispuesto aprender porque “ya sé”.

Esta ignorancia ciega, donde no estamos dispuestos a escuchar, a conversar, a reflexionar, nos genera el ser solamente testigos de este modo de vivir y convivir ciegos y anestesiados por el consumismo y la competencia de la inequidad, la pobreza, y por la falta de respeto por si mismo/a, con la cual hemos vivido generaciones tras generaciones. 

Pensamos que esas teorías y/o ideologías nos darán la respuesta, y es precisamente esas teorías, ideologías, fundamentalistas las que nos atrapan, no somos libres, y así no alcanzamos a vislumbrar que somos lo únicos seres vivos en el planeta, que reflexionamos, 

Somos el problema, el camino para resolverlo y la solución.

La solución a nuestro propio dolor esta en cada uno de nosotros/as y si buscamos en nosotros nos daremos cuenta que somos cada uno de nosotros el vehículo para resolver la situaciones de mal-estar y podemos liberarnos.  Y desde nuestros sentires mas íntimos nos podemos dar cuenta de SI estoy listo/a y dispuesto/a sin resentimientos a calmar, a acompañar a las persona que lo requieran o a las que  lo están pasando muy mal, a ser la voz de los sin voz. No se acompaña generando mas dolor o mas daño, esa acción solamente nos revela la conservación del mal-estar, de quien dice acompañar.  

Lo que deseamos todos que se escuche fuerte ¡ no mas deshonestidad, inequidad, pobreza, desigualdad, odios, faltas de respeto ! que lo escuchen las personas con poder de decisión para que lleguen a donde tienen que llegar las acciones concretas frente a tanto dolor cultural. No deseamos falsas promesas.

 ¿Somos libres o no para poder cambiar de opinión ? Si no lo somos es porque estamos siendo leales a una ideología o teoría, desde donde generamos un mundo de certidumbres no revisables, que es la antítesis del convivir democrático que solo ocurre en el mutuo respeto en el conversar y reflexionar, sin miedo a cambiar de opinión cuando es oportuno pues lo que se quiere conservar es el bien-estar de la polis o sea del pueblo. 

Y una teoría, ¿qué es?

Una teoría, sea ésta filosófica, matemática, científica, política, mística, … en cualquier dominio de nuestro vivir y convivir sensorial, relacional y emocional … es un sistema lógico definido por premisas fundamentales arbitrarias que aceptamos a priori desde nuestros deseos gustos, ganas y preferencias, para justificar nuestro actuar según lo que queremos obtener o conservar en nuestro vivir-convivir.

La democracia como un modo de convivir en la honestidad del mutuo respeto, en un conversar reflexivo que escucha y que permite cambiar de opinión sin enojos, es espontaneo y armónico, y no necesita de una teoría que la justifique.  Todas las personas desean vivir y co-existir en democracia, desean ese convivir social armónico como un convivir válido para todos y todas, razas, culturas, etnias, y donde las inequidades que accidentalmente surgen, siempre se pueden revisar y corregir. 

El convivir democrático se acaba cuando se adopta, por intención o por error reflexivo, una teoría de convivencia que lleva a la justificación de una discriminación que genera inequidad. 

Y cuando eso sucede, y nos ha sucedido a los chilenos en los últimos años en el proceso de salir de un régimen autoritario sin comprender del todo como lo estábamos haciendo, y no recuperarse la equidad del convivir democrático por no comprender su naturaleza, se genera de manera silenciosa un dolor cultural que se acumula hasta que se hace evidente en una queja explosiva de resentimiento. Resentimiento que abre el espacio para teorías que justifican la violencia y el vandalismo.   

Ahora nuestra única posibilidad de generar un nuevo convivir democrático está en que nos reencontremos queriendo convivir en la confianza de un conversar reflexivo en la honestidad del mutuo respeto en el deseo de coexistir en un proyecto común de convivencia como podría ser la Nueva Constitución. 

Sin duda eso es lo que los chilenos queremos hacer ahora cuidándonos de no atraparnos en alguna teoría filosófica, económica o política que nos lleva a sentirnos dueños de la verdad en la ceguera de operar con fundamentos que validan la discriminación, y llevan a la inequidad.  

¿Cómo hacerlo?  

Reuniéndonos, mirándonos a los ojos, pues es en la mirada del otro o la otra es donde el mutuo respeto se funda, ya no somos independientes, pasamos ambos a configurar un co-nicho de convivencia.  Y la honestidad del conversar fluye, en que nos escuchamos para generar las conductas que realizan la armonía de la equidad social sin defender ninguna teoría filosófica o política porque de verdad queremos una convivencia democrática donde tengamos presente que estamos conversando, danzando en compañía, sobre el camino que vamos a trazar a las generaciones venideras. 

¿Qué mundo queremos dejarles donde puedan conversar sobre los modelos económicos que no generan inequidad, y sobre todo aquello que sea posible para que podamos revisar cualquier acuerdo que descubramos que nos aleja del modo de convivir democrático.  

¿Sabemos hacerlo? Sí, si nos respetamos y somos honestos.  Ya que solo así podremos comenzar a salir de la trampa política administrativa que nos fractura desde la dicotomía operacional a que nos lleva el hablar de “gobierno y oposición”, y entrar en la armonía y libertad de la política reflexiva a que nos llevaría el hablar de  “gobierno y colaboración”.

Y los derechos humanos ¿dónde quedan?  

Ellos solo pueden existir como acuerdos de convivencia que definen y constituyen los fundamentos de nuestro vivir y convivir humano.

En los acuerdos de convivencia están ambas partes involucradas en la honestidad y respeto recíproco, donde cada persona dice: yo me comprometo a no hacer más “A”, y yo me comprometo a no hacer más “B” porque queremos convivir. 

Si somos honestos, ¿qué más tendríamos que decir?

“La convivencia democrática es una obra de arte en el ámbito del vivir y convivir social-humano que se realiza y conserva sólo cuando se quiere conscientemente vivir y convivir en ella”.

Humberto Maturana y Ximena Dávila 

Co-fundadores