¿Qué nos deparará este nuevo año 2022?

Ningún ser humano podía predecir lo que viviríamos a comienzos del 2020, con la llegada de la pandemia. Llegó como un invitado de piedra, jamás imaginamos que nos podría pasar algo así, solo en películas que presagian el fin de mundo, o a causa de algún acto de bioterrorismo, pero que llegará algo que afectará nuestro vivir cotidiano en tal magnitud, no.  

Estamos quizás en la confianza o en la arrogancia, que no es lo mismo, de que con todos los adelantos de la ciencia y la tecnología, podríamos vivir una catástrofe como la que estamos viviendo en todo el planeta,  y yo me pregunto – ¿Por qué NO? – Sin embargo, la vida tiene sorpresas, sorpresas nos trae la vida. Y llegó este virus que nos detuvo, nos confinó, nos dolió por tanta muerte de seres humanos cercanos y lejanos. ¿Alguien pudo vaticinar exactamente tal desastre? 

 Y a propósito de que estamos casi finalizando este año 2021 que para muchos es para el olvido, nos encontraremos con estanterías llenas de libros escritos por connotados ciudadanos de Chile y el mundo que a través de técnicas de predicción vaticinan como vendrá el año que se aproxima, o sea, si tendremos suerte o no, en relación con el amor, el trabajo, la salud, el dinero, la economía del país que permita “parar la olla” y las relaciones en general.  Dado lo anterior me puse a reflexionar sobre la suerte, y sus implicancias psíquicas, emocionales y relacionales que incidirán en cada persona y en su modo de vivir y convivir a partir de lo que digan los astros, los brujos, el tarot, o alguna otra técnica, todas muy respetables, que nos aproxime a lo que nos sucederá a futuro.  

Decimos habitualmente ¡ Qué suerte que ha tenido esa persona en su vida! o ¡si esa persona no hubiese tenido la suerte que tiene, no estaría hoy donde está ! ¿Será la suerte un designio divino?, ¿ O por esas causas misteriosas que nos depara la vida  hay algunas personas más favorecidas que otras?

Sin duda ninguno de nosotros/as elige dónde, cómo y cuándo nacer, y en qué familia o en qué nicho cultural.  A veces decimos que hemos tenido la suerte de nacer en una familia amorosa, donde no falta un plato de comida caliente, donde se conversa, donde se escuchan los unos a los otros, en un modo de vida que nos da cobijo, amor y ternura. Y desde ese modo de vivir nos empinamos a ser adultos conscientes, y autónomos en el hacer y en el reflexionar, o sea más seguros de sí mismos/as en lo relacional y emocional para enfrentar cualquier catástrofe que se nos presente. Otras veces decimos que hemos tenido la mala suerte de nacer en una familia donde la conversación es muy escasa, donde no se escuchan los unos a los otros, y donde el espacio psíquico es de mal-estar por una dinámica relacional que ya es natural, que es la de creer que las cosas se solucionan discutiendo, gritando, en un vaivén emocional doloroso de  muchas peleas y sinsabores. En un sistema familiar donde este modo de vivir y convivir se instala, también se instala la angustia, la inseguridad para vivir el presente que nos toque vivir.

Sin embargo, la pregunta es: ¿Será la suerte o la no suerte la que determina el que una persona nazca en alguno de estos dos modos de vivir? Yo pienso que no, ya que al nacer cada uno de esos modos de vida es solo un punto de partida. 

Vivimos un presente continuo cambiante, y en cada momento de nuestro vivir podemos elegir desde nuestros sentires íntimos y emociones que modo de vivir deseo conservar, y son esos sentires y emociones transformados en deseos los que guían cada paso que damos, y más aún, hacia dónde orientar nuestra existencia. Una persona puede nacer en una familia amorosa y elegir un modo de vida que genera dolor y sufrimiento. Y por otro lado una persona que nace en una familia donde hay muchos sinsabores puede elegir desde su sentir íntimo y emociones generar una vida llena de alegría, amor y respeto. 

¿Entonces de quién depende la suerte o la no suerte? Siempre el vivir que se vive depende de cada persona y de lo que él o ella quiera conservar en su vivir, ya sea parecerse a la familia de origen o hacer con su vida algo distinto. Hay una ley sistémica que dice: “Cuando en un conjunto de elementos comienzan a conservarse ciertas relaciones se abre espacio para que todo cambie y se transforme en torno a las relaciones que se conservan” por lo tanto la pregunta reflexiva iluminadora podría ser: ¿Qué queremos conservar en nuestro vivir?

La suerte es posterior a la experiencia, surge con la opinión del observador que dice: “!!Luis por dios que suerte que has tenido!! –  Luis mira su vivir y convivir y reflexiona: “No, no fue suerte, me plantee en algún momento de mi vivir hacia donde quería ir. Y comencé un proceso donde la dedicación, las ganas, el sortear las dificultades, el trabajar bastante y a gusto, se juntaron con las  ganas de salir adelante como un proyecto de vida. No fue suerte, lo hice yo mismo”.

Cuando vemos a una persona feliz, y en armonía con su circunstancia, solemos decir que es la suerte que acompaña a esa persona.  Decir que es la suerte oculta la historia, y no logramos distinguir que esa persona hizo buenas elecciones, y vio y tomó las oportunidades que la vida le puso en su camino desde sí, ya que algo es una oportunidad sólo cuando las vemos. 

Cuando una persona dice, “he tenido mucha suerte en mi vida”, oculta con ese decir las elecciones que hizo en un determinado momento, y piensa que lo bueno que vivió le sucedió por casualidad. La persona no hizo elecciones al azar, por ejemplo: eligió estudiar y trabajar de noche para costear sus estudios para tener una profesión que le permitiera tener un buen vivir;  otra persona toma la decisión de quedarse en una zona rural, junto a su familia y seguir haciendo lo que aprendió que fue cultivar frutas y verduras en el lugar que lo vio nacer; un aventurero toma la decisión de viajar para conocer el mundo y se encontró con variadas oportunidades… todos estas personas se movilizaron desde los deseos que le surgían, desde sus sentires íntimos y emociones. Esa disposición en su vivir fue ¿suerte? o fue ¿elección? 

Los seres humanos nos orientamos en nuestro vivir desde nuestros gustos, deseos y preferencias y es desde estas emociones que generamos los mundos que vivimos. Siempre hay solo dos caminos fundamentales con innumerables derivas: un camino de vida hacia el bien-estar o un camino de vida hacía el mal-estar. No cabe duda que las cosas se hacen más fácil cuando la persona nace en una familia amorosa, sin sobresaltos económicos, con una estabilidad emocional, con riqueza intelectual, sin embargo el nacer en ese modo de vivir es un punto de partida inicial y no garantiza que esa persona tendrá bien-estar y felicidad en el futuro. Y por otro lado, nacer en una familia de escasos recursos con menos posibilidades tampoco va a determinar que esa persona esté condenada a vivir en el mal-estar y en un mundo de penurias. La suerte o no suerte depende siempre de nosotros, de las elecciones que hagamos en el vivir. 

Por lo tanto, si consultamos al oráculo cualquiera este sea tenemos que hacerlo con personas serias y éticas en este campo, pues querámoslo o no, lo que ellos nos digan influirá de manera consciente o inconsciente en nuestras decisiones. Un buen oráculo sólo muestra un camino posible. El camino que elijamos con oráculo o sin él dependerá siempre de cada uno de nosotros. 

Lo único que tenemos es el presente que vivimos y en ese presente el vivir y convivir de cada persona ocurre como un frente de onda continuo cambiante, no estamos fijos, y siempre vivimos un mundo de oportunidades si las sabemos ver, por lo tanto la claridad de nuestras elecciones dependerá de la claridad que tengamos frente a preguntas reflexivas tales como: ¿Deseo seguir conservando este modo de vivir y convivir presente? ¿Qué no deseo seguir conservando? Tomar consciencia de cómo estamos haciendo lo que estamos haciendo, es mirarnos en el espejo del alma para re-conocernos…y hacer camino al andar, sin pesos, leves en la coherencia de lo decimos que deseamos hacer, y lo que pienso…este es el camino de la sabiduría…mientras antes lo comenzamos a caminar, más alegres y armónicos será nuestro presente.

¿Quiero el querer que digo que quiero querer o no lo quiero? 

Ximena Paz Dávila Yáñez 

Matríztica

Co-fundadora

Pichidangui 2021