Ya estamos entrando en la recta final, de esta gran conversación de Chile y de las muchas reflexiones que han realizado los constituyentes resultara el borrador de un texto o documento con el título de Carta Magna, donde cada ciudadano podrá leer los derechos y deberes que los chilenos que realizamos a esta sociedad, queremos gozar y cumplir respectivamente. 

Se habla de un borrador porque somos cada uno de nosotros/as los que vamos a aprobar o rechazar el texto final, al tener la gran oportunidad de leerla y darnos cuenta si aquello que está escrito me representa o no, pues son nada más y nada menos que las disposiciones generales que van a organizar el vivir de los ciudadanos en este presente y también del funcionamiento del estado. 

Lo que está en juego a la hora de aceptar o rechazar este borrador, es la confianza que le entregamos a todas aquellas personas que sostuvieron por varios meses dichas conversaciones y reflexiones.  Lo que está escrito en este borrador resultará en la concretitud de los haceres que todos nosotros/as aceptemos cumplir o no,  por lo tanto lo que le va a dar carácter a la nueva Constitución son los sentires íntimos y emociones con que cada uno/a de nosotros aprobemos o rechacemos lo que allí se plantea. 

Este ha sido un proceso democrático en donde han estado presentes todos los grupos y colectivos que  han tenido derecho a voto donde se ha respetado un quórum de dos tercios de los votos. Como todo proceso guiado por personas han surgido dificultades, desacuerdos, deshonestidades, informaciones confusas, también ha tenido presencia el lado menos luminoso del ser humano. Sin embargo según lo que hemos constatado como ciudadanos, el acto de renovar a la directiva a los seis meses de su elección contando en la convención con siete vicepresidencias adjuntas asegura la participación de manera equitativa de los grupos minoritarios, nos revela que se han abierto los espacios para escuchar, reflexionar, disentir, intercambiar ideas a través de audiencias. Se ha incluido por primera vez a minorías históricamente marginadas. 

Lo que sí tenemos que poder hacer es no confundir dominios a la hora de aceptar o rechazar, en la creencia que lo que estamos haciendo tiene que ver con un partido político a o b,  y que quede oculto que estamos frente a una gran oportunidad histórica de poder ser parte de los destinos del país y de sus ciudadanos  y de las generaciones venideras al tomar en serio que aquello que está escrito en este borrador me representa o no me representa, lo que queda oculto no se ve.  Cuando esto no se entiende hay confusión de dominios en lo que se siente, se dice y se hace en las distintas situaciones de convivencia, confusión de dominios que se hace evidente en enojos y frustraciones por el no cumplimiento de “promesas” que después se ve que nunca fueron hechas.

Para que nos podamos encontrar tenemos que tener presente el compromiso de comportarnos de manera amable, solidaria y comprometida con  conducta-ética al momento de leer el texto, para poder darnos cuenta si esta nueva constitución en general no causa daño a las personas, por el contrario las cuida, como también protege a otros seres vivos y al entorno o mundo natural en el que habitamos.  

Lo deseable es encontrarnos ante el texto en un instante de agradecimiento de poder ser parte de este acto republicano, desde el mutuo respeto con la diversidad de personas que fueron parte de su construcción lo que implica un acto fundado en los sentires íntimos que admiten al otro como un legítimo otro en ese momento de convivencia, el espacio relacional o emoción que esos sentires constituyen, es el de dejar aparecer lo que allí está escrito para poder dar “mi” opinión, sin contradicciones o apegos a ideologías o fundamentalismos que estrechan la inteligencia y la creatividad. 

El espíritu que sustenta una carta magna es la democracia, la libertad, la pluralidad en las maneras de pensar, y nosotros desde Matríztica aportamos a la confianza en que los seres humanos deseamos el bien-estar que trae consigo el convivir en democracia entendido como un modo de convivir en la honestidad y el mutuo respeto, en una comunidad en la que las tareas de administración de su operar se asignan periódicamente como responsabilidades transitorias de gobierno, sin embargo siempre guiadas por la Constitución como un marco regulatorio.

Vivimos tiempos de crisis entrelazadas, por nombrar algunas: crisis climática lo que trajo sequía, y desplazamientos de personas a otros países, desarraigo y dolor; pandemia que trajo muerte, despertando miedos y confusiones, todo cambió y nos transformamos en una sociedad que comenzó a relacionarse de manera virtual; crisis financiera, altos costos en la canasta básica, falta de empleos, el dinero no rinde y como si fuera poco la gran crisis sin precedentes en el siglo XXI : la guerra desatada por Rusia en Ucrania, que está dejando destrucción, dolor, muerte, y una de las más grandes migraciones de personas después de la II Guerra Mundial, y miedo por el posible acercamiento a una III Guerra Mundial, además de mostrarnos que somos seres sistémicos que habitamos una casa común que es este planeta, donde lo que pasa a un lado tiene consecuencias en  toda la casa. 

¿Cómo los seres reflexivos que somos los seres humanos tuvimos la posibilidad de decir sí o no a dichas crisis? No.

La posibilidad de elegir un juguete u otro para un niño o niña es un acto de respeto a su legítima autonomía, como lo es también legítimo el que hoy tengamos la oportunidad de elegir aceptar o rechazar el borrador de la Carta Magna. Creemos que es momento de agradecer y sentirnos honrados que hoy día todas las personas de este país tenemos la posibilidad de elegir o sea tenemos la gran oportunidad de opinar de cómo queremos convivir y para eso tenemos que poder pasar desde las diferencias políticas legítimas a unirnos en torno a una constitución que cada uno de nosotros sintamos que nos representa, y que representa el cuidado por la dignidad de todo ser vivo en general y de los seres humanos en particular. 

¿Y cómo lograrlo? Soltando los apegos a las ideologías, teorías que nieguen la inclusión a un mundo diverso, teniendo presente en el momento de elegir apruebo o rechazo, que país quiero conservar.

Dimensiones íntimas del convivir democrático.

Si falta cualquiera de estas dimensiones íntimas, faltan todas las demás, y no hay ni puede haber convivencia democrática.  Estas dimensiones íntimas del vivir y convivir democrático todos las conocemos, sin embargo, digamos algo de cada una de ellas.

Deseos de coexistir y convivir: Si no hay deseos de coexistir y convivir y estamos forzados a estar juntos, vivimos en el enojo con el otro o la otra, y nos engañamos con la tolerancia si no podemos separarnos. ¿Queremos o no queremos convivir?

Respeto por sí mismo/a: El respeto por nosotros mismos/as, nos ocurre cuando sentimos que no tenemos que justificar nuestras acciones y no sentimos vergüenza por ellas. 

Honestidad: La honestidad ocurre cuando no mentimos, ni engañamos, no manipulamos, cuando reflexionamos, cuando reconocemos nuestros errores en el ámbito de nuestro coexistir y convivir.

Mutuo respeto: El mutuo respeto ocurre en una relación cuando se siente que se puede conversar en ella de manera reflexiva sin que uno u otro se sienta no escuchado de modo que cualquier acuerdo o consenso que surja se viva en la honestidad.

Colaboración: La colaboración ocurre cuando hacemos con otro lo que hacemos en el deseo de hacerlo explícita o implícitamente como un propósito común, y lo hacemos con placer actuando en el mutuo respeto y sintiendo libertad reflexiva. No necesariamente es hacer algo junto con otro, sino que reconocer que mi hacer impacta a la comunidad. 

Equidad: La equidad ocurre cuando sentimos que en el ámbito de convivencia en que nos encontramos ninguna emoción rompe la armonía de nuestro acceso a las condiciones de realización de la dignidad de nuestro vivir y convivir. La energía se distribuye de manera armónica en un fluir en la legitimidad de la diversidad. 

Ética social: La ética social ocurre cuando uno se conduce de modo que es consciente y responsable de evitar las conductas y los haceres que nos dañan a nosotros mismos, a otros o al ámbito ecológico. 

Conversar reflexivo:  El conversar reflexivo ocurre cuando en el conversar se mira y se considera la validez de los fundamentos desde dónde se hace lo que se hace o se piensa lo que se piensa dispuesto a cambiar el hacer o el pensar si en ellos se viola la equidad y la ética social.  Es el acto de soltar las certidumbres. 

Responsabilidades de la Instituciones: Dimensiones operacionales de las instituciones que definen de manera explícita el vivir y convivir democrático como un proyecto de convivencia deseada.

El vivir y el convivir humano ocurre como un fluir dinámico de procesos entrelazados en el que las distintas conductas surgen con un carácter u otro según sea el curso de los sentires, haceres y emociones que conservan las personas y a la vez momento a momento esos sentires, haceres y emociones se van transformando con lo que pensamos, decimos, escuchamos, no son fijos son dinámicos, por lo tanto también va variando el curso y sentido de lo que hacemos según las distintas configuraciones de sentires íntimos y emociones que van surgiendo en el convivir. 
Saber esto, es darnos cuenta de que los sentires íntimos y emociones guían y sustentan lo que hacemos en nuestra convivencia, nos hace aún más responsables a la hora de rechazar o aprobar el borrador de nuestra carta Magna.

Ximena Dávila-Yáñez

Co-fundadora MATRIZTICA

Docente en Biología-Cultural