La importancia de las expresiones culturales en tiempos de pandemia

No cabe duda de que estos tiempos de confinamiento han sido difíciles para muchos de nosotros desde distintos ámbitos: en lo económico, en lo relacional, en nuestra salud y armonía psíquica entre muchos otros factores. Así, desde lo económico, diversos actores de nuestra sociedad han tenido severas dificultades para poder realizar sus actividades cotidianas habida consideración que de ello su sustento material depende. Algunas industrias se han reinventado exitosamente por sí mismas o con algún apoyo estatal por ser consideradas claves para el crecimiento económico; pero otras, estructuralmente han visto mermadas de forma drástica sus posibilidades de realización y una de ellas tiene que ver justamente con las llamadas expresiones culturales.

Cuando era niño, participé como violinista de la orquesta sinfónica juvenil de la Universidad de Chile. Desde ese espacio pude darme cuenta de que llevarlo a un terreno profesional como un modo de vivir requiere, aparte de talento, una profunda vocación y amor por lo que se hacía. Muchos de mis compañeros de aquel entonces ahora se encuentran en la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile. Los sigo desde Instagram y otras redes sociales enterándome de esta forma de sus actividades en tiempos de pandemia; por ello me genera una gran tristeza el que no puedan dar a conocer lo que hacen como era habitual hasta hace algún tiempo en el teatro de dicha Universidad. Y desde el punto de vista de un fiel seguidor de ellos me parece aun más triste estar en la imposibilidad de poder escucharlos, no desde la barrera virtual de un Facebook live, sino que en la cercanía física y desde ese aroma espiritual que impregna y convoca a seres humanos a ser partícipes de una experiencia estética de manera conjunta.

No es fácil expresar en palabras lo importante que pueden llegar a ser estas actividades para nuestra sociedad; sobre todo si consideramos que en la mayoría de los casos va a contrapelo de un mercado que porfiadamente nos señala su precariedad económica guiada por la oferta y la demanda.  Desde mi punto de vista, no obstante, lo considero central por muchos motivos: es un bálsamo que hace vibrar nuestros sentires más íntimos, nos hace estremecer, nos da un sentido de pertenencia y nos situa desde nuestra mortalidad en la posibilidad mágica de dejar escapar nuestra “alma” por una pequeña apertura hacia la infinitud de lo desconocido que no se puede nombrar sino sólo evocar a partir de estas expresiones culturales.  

Tengo vívidos recuerdos de cuando participé de aquella orquesta juvenil y mi primer día de ensayo. Era un todo armónico que surgía de ninguna parte y de todas partes a la vez. Aquello me impactó de tal manera que experimenté una intensa e inexplicable sensación de ser parte de algo que me sobrepesaba; me encontraba al medio de una orquesta que me envolvía con una melodía que se originaba desde una multiplicidad de trazos armónicos interpretados por distintos instrumentos musicales. Si bien lo que había estudiado en la partitura me parecía muy diferente a lo que estaba escuchando, armonizaba perfectamente con la melodía que surgía como totalidad. Estaba con toda mi sensorialidad comprometida, escuchando y siendo partícipe a la vez de algo que lo sentí como si mi individualidad se diluyera en una gran revelación musical. Era algo que iba mucho más allá que la simple materialización de un ensamblaje de partituras de diversos instrumentos. Más bien era el resultado habernos conectado sensorialmente… cada uno desde su particular posición y desde su propia historia individual. Al unir toda esa diversidad surgía una sinfonía compuesta hace más de dos siglos, brindándome y brindándonos un nuevo espacio existencial.

Todas las expresiones culturales que de alguna manera tienen en común hacernos partícipes de algo mayor y misterioso nos entregan la posibilidad de escaparnos de nuestra rigidez egocéntrica. La experiencia estética no admite los beneficios de nuestro propio ego; más bien nos invita a sumergirnos en la cotideaneidad de lo simple pero asombroso a su vez. Quizá sea una marcada nostalgia que conservamos como linaje humano desde sus origenes el porqué nos entrega placer el hacer cosas en conjunto o para el disfrute colectivo; uno que no busca un resultado a como de lugar sino que en la conservación de una armonía íntima que impregna nuestro amplio presente junto al cosmos que surge con esa experiencia.

No impidamos que estas expresiones culturales se desvanezcan en tiempos de pandemia. Busquemos la forma de que tengan presencia. Aquello nos aliviará el cuerpo y el alma que tanto necesitamos para seguir este asombroso viaje que es nuestro vivir humano.

Paulo Henríquez Munita