Liderazgo femenino en tiempos de incertidumbre

Algunas palabras poseen tal poder simbólico que pareciera nos rodeara una atmosfera visual casi instantánea al momento de escucharlas. Evocan una suerte de “imaginario colectivo” construido históricamente y que desde nuestra niñez se va asentando con la regularidad de un metrónomo; imágenes que se naturalizan como si fuesen la ley de gravedad o el tiempo atmosférico.

Así las cosas, encontrarnos con la palabra “liderazgo” es como si espontáneamente surgiera la imagen de una persona aguerrida, rebosante de energía y decisión, dispuesta a comandar una lucha sin tregua al más puro estilo del mítico gladiador Espartaco; una persona que en su (poco) tiempo de ocio mirará el horizonte, meditará sobre los destinos estratégicos de la Compañía que recaen bajo sus hombros y transmutará indefectiblemente hacia una figura que nos recordará el porte filosófico de Marco Aurelio.

Quizás la ejemplificación anterior resulte ser una caricatura extrema (no exenta de ironía) y probablemente no exista tal persona en la realidad; pero en nuestro imaginario da la sensación de que la comparación se encuentra muchas veces presente: nos costará imaginarnos un líder que no reúna al menos parte de las características anteriores.

Pero el mundo ha cambiado y personas influyentes en la esfera del management ya están avizorando que aquellos líderes como los que acabo de describir pronto se transformarán en desdibujadas piezas de museo. Un reciente artículo de la revista Forbes (febrero de 2021) proclama con grandes titulares el fin del liderazgo y llama a la apertura de conciencias a propósito de lo ocurrido con la actual pandemia COVID-19. De los siete comportamientos que debiese tener una persona que quiera asumir mayores responsabilidades dentro de una organización, según este artículo, la capacidad de ser humildes y agradecidos son destacados…

Vivimos tiempos de incertidumbre (si queremos llamarlo así cuando nos sentimos faltos de certezas) y las organizaciones apegadas a tener una infinidad de controles y una pesada jerarquía para poder predecir y afrontar lo desconocido devendrán en estructuras que resultarán en “esqueletos inapropiados” al momento de requerir plasticidad para navegar armónicamente en un medio cada vez más cambiante.

Esa plasticidad ocurre cuando se delegan decisiones y no se imparten meras instrucciones. Ocurre cuando el fin último de adquirir un cliente no es simplemente generar una transacción sino más bien una relación. Sucede cuando la perspectiva no es la individual que separa sino la grupal que une. Resulta cuando las organizaciones se alejan de la psiquis competitiva y se acercan a una colaborativa. Una organización de estas características en vez de dar ordenes se hacen preguntas y más que privilegiar el mando y el control el sello es la conexión.

Los rasgos anteriores no se logran desde una visión lineal que busca el objetivo local, sino más bien desde una profunda mirada sistémica que no busca simplemente identificar relaciones, sino aquella capaz de hacernos responsables y conscientes de las consecuencias de nuestro actuar… aquella que resulta de ampliar el entendimiento de la trama sistémica que surge junto con cada ser humano. De este modo, evocaremos esa matriz que conecta y que contiene a la vez.

Así es, será aquella matriz, cuya etimología nos remite al útero materno, la que nos señalará con cada vez más urgencia la necesidad de un nuevo liderazgo de impronta femenina. Ya no será solamente la reivindicación de espacios de oportunidad en el desarrollo profesional de las mujeres; el liderazgo femenino será el paso natural que tomarán aquellas organizaciones inteligentes que se crean capaces de navegar de manera plástica y armónica en tiempos de incertidumbre.

Paulo Henríquez Munita