¿Brecha generacional o transformación cultural?

Si atendemos a nuestro presente, veremos que nuestro vivir y convivir humano como personas ocurre como un modo de vivir y convivir cotidiano donde coordinamos nuestros haceres y emociones en el lenguaje, y que se conserva de una generación a otra en una deriva histórica en el aprendizaje de nuestros hijos e hijas.  Y veremos a la vez que es a éste nuestro modo de vivir y convivir relacional cotidiano a lo que nos referimos cuando hablamos de cultura.  Todas las distintas clases de seres vivos viven como individuos un modo particular de vivir relacional que define su identidad, y nuestro modo de vivir como seres vivos humanos es nuestro convivir cultural. 

Nuestro modo de convivir cultural debe haber comenzado como el fundamento de nuestro linaje humano hace unos tres a tres y medio millones de años en una familia de primates bípedos, conservándose y a la vez cambiando de una generación a otra en el aprendizaje de los hijos e hijas según el convivir que vivieron con los mayores en la comunidad familiar en que les tocó vivir.  Y en cada generación el convivir que los hijos a hijas vivían en su ámbito familiar era el fundamento relacional en el que a su vez sus hijos e hijas vivirían, produciéndose una deriva histórica de transformación y diversificación cultural que continuará en tanto se conserve nuestro vivir humano .  

En el inicio del vivir humano el proceso de la deriva cultural debe haber sido acompañado de una lenta transformación anatómica y fisiológica asociada a un lento surgimiento de variaciones en el modo de convivir cultural en un medio cambiante, y la conservación de esas variaciones de una generación a otra en el aprendizaje de los niños y niñas.  Y en este proceso las crianzas en cada generación han debido aprender el modo de vivir y convivir fundamental de los mayores, en una historia de evolución cultural que nos ha llevado a los seres humanos a un convivir en el que somos conscientes de nuestro vivir cultural y podemos reflexionar sobre él.  Y vivimos este vivir cultural consciente reflexivo … y nuestros niños y niñas aprenden este convivir cultural consciente reflexivo … que inevitablemente los llevará, muchas veces, a preguntarse si quieren o no vivir el vivir que sus mayores viven o han vivido.  

Aunque la continua transformación cultural que la humanidad ha vivido desde su origen, tiene que haber sido inicialmente muy lenta, se ha hecho cada vez más rápida en la diversificación y transformación de los distintos modos de manipular el entorno que habita, hasta el punto en que ahora nos sorprendemos de ello.  Y tanto es así, que parece que nunca antes hasta ahora nos hemos dado cuenta de que nuestros hijos/as reflexionan sobre los mundos que generamos nosotros sus mayores, queriendo cada vez más escoger conscientemente desde sí el curso de su vivir relacional, pareciéndose o diferenciándose de nosotros en su vivir cotidiano.  

En los últimos ciento cincuenta años se ha acelerado el cambio cultural de tal manera que en las organizaciones hoy en día encontramos que coexisten varias generaciones donde hay mucha energía y motivación, a la vez que mucha separación por los distintos sentires íntimos y propósitos desde donde cada una de ellas se orienta. Y, sorprendidos, hablamos de brecha generacional, criticándonos recíprocamente unos y otros sin darnos cuenta de que, si la respetamos, la diversidad es una gran oportunidad para ampliar el entendimiento, la creatividad y la inteligencia colectiva. 

Cada generación surge de un momento cultural histórico, económico, social, laboral, tecnológico, de expectativas de vida, diferente que ha tenido un gran impacto en la vida de las personas y en las relaciones intergeneracionales.

¿Qué queremos? ¿La crítica constante de los unos y los otros sin detenernos a ver qué es lo que rechazan o aceptan de los otros? Como hemos dicho, lo que vemos como distintas generaciones son los mundos culturales diferentes, y si su deseo es encontrar un camino ético en el hacer, tienen que escucharse, reflexionar, conversar e interesarse por el mundo cultural del otro para poder distinguir desde donde hacen lo que hacen o desde donde piensan lo que piensan, y que curso quieren seguir si quieren convivir.  Al hablar de brecha o choque generacional no nos vemos en nuestra legitimidad. 

Y en este no ver, no vemos que lo que nos ocurre es que vivimos un cambio cultural fundamental en el que estamos comenzando a abandonar un vivir y convivir cultural no ético, centrado en el competir y el abuso que busca la negación del otro, negando la posibilidad de colaborar al destruir el mutuo respeto y la honestidad. No vemos que vivimos los albores de una cultura que se centra en la consciencia de que somos responsables de los mundos que generamos pues podemos escoger el convivir cultural que queremos vivir y convivir, ya que somos conscientes de que las tecnologías no tienen valor de progreso en si mismas, sino que son instrumentos que debemos usar conscientes del mundo o los mundos que queremos generar con ellas. 

Si lo queremos, podemos generar con las tecnologías un convivir ético centrado en la honestidad del mutuo respeto, diferente del que han generado en algún momento nuestros mayores que y ha sido un convivir centrado en la búsqueda del control y manipulación tecnológica de lo que llaman el mundo natural, sin darse cuenta de que los mundos que vivimos no preexisten a nuestro vivirlos, sino que surgen con nosotros.   Así, querámoslo o no, lo que estamos llamando una brecha generacional es un cambio de consciencia reflexiva desde el que tenemos que escoger cómo queremos convivir … ¿Qué convivir cultural queremos vivir? … es nuestra gran pregunta.   

Matríztica 2018