Hace unos días atrás, el 22 de Mayo,  Greta Thunberg compartió vía Twitter diciendo, “Nuestra relación con la naturaleza está rota. Pero las relaciones pueden cambiar, cuando protegemos a la naturaleza, somos la naturaleza que se protege a sí misma”…en el vídeo que adjunta a su tweet declara «la crisis climática, la crisis ecológica y la crisis sanitaria están interrelacionadas». ¿ Qué ve Greta?.

Hace casi 20 años, nuestro querido doctor Humberto Maturana, declaró “Pertenecemos a una historia cultural que nos separa cada vez más del mundo natural” (2004), escribe esto, en la preocupación de la ausencia en el  currículo escolar del educar de los maestros, de los niños, niñas y jóvenes, en la relación con el mundo natural que nos hace posibles  y de la pérdida de  esta conciencia ecológica,  tanto en relación a la biósfera como en relación a  la ecología humana, es decir a la mirada social, que se evoca con la palabra antropósfera.

Estamos en un punto de la vida humana donde cada evento nos muestra esta desintegración con el mundo natural, en una cultura que se sostiene en una psiquis de  apropiación, control, poder, sometimiento, etc., responsable de una ceguera sistémica, que implica que en lo cotidiano nos hemos conducido de un modo bastante “ciego” ( no vemos) en un pensar reduccionista, insensible a las relaciones que van más allá de la localidad, tanto con el mundo que llamamos natural como en nuestra conciencia social, obramos sin consciencia del ecosistema pero muy centrado en nuestro “ego-sistema”.

Nuestros campos de  aprendizaje en esta cultura se ha centrado en la experticia que nos orienta en una dirección reduccionista y con ello bastante lineal, cuyas dinámicas y procesos, están metidas en la misma red de conversaciones de ese campo de acción desconectándonos de las dinámicas y procesos, que concatenan relaciones dinámicas que finalmente son relaciones sistémicas, que implican nuevas conversaciones,  nuevas consideraciones que nos permiten ver  no solo las  relaciones lineales causales,  sino que nos posibilitan ver las dimensiones de estas y los procesos entrelazados, para generar acciones oportunas y éticas, que nos ahorrarían tanto dolor y sufrimiento como humanidad, al poder visibilizar las consecuencias más amplias de nuestras propias acciones y/o decisiones. Esto lo podemos ver en las problemáticas que reportan las organizaciones en sus propios procesos que buscan al requerir que las personas colaboren, porque no pasa actuar integradamente, mirando el impacto organizacional global.

 Durante el 2020, variadas publicaciones señalaban las dos grandes crisis que enfrentaba la humanidad simultáneamente, la crisis climática y la crisis por la pandemia de Covid, sin embargo, no podemos separar una de otra en el vivir mismo, tan solo podemos hacerlo en el explicar, como tampoco podemos separar de ellas la crisis social, política y económica, que enfrentamos de un modo u otro en todo el mundo, y que erróneamente separamos una de otra y las ponemos en paralelo como si fuese posible, sin darnos cuenta que al centro la causa somos nosotros y nuestro modo de vivir y de generar nuestras relaciones, con el mundo natural y con los otros.

Estas implicaciones no son triviales, debido a que si aprendemos a integrarnos, no solo podremos ver como saber recuperar esas relaciones perdidas en nuestro pensar y con ello en nuestro actuar, tanto con el mundo natural como con el mundo que generamos con los otros, que es el social; y lo vemos hoy en las decisiones por ejemplo de políticas ministeriales, donde pareciera que no se ve más allá de lo que se propone con las decisiones, pasando por alto a la comunidad científica, epidemiólogos, colegio médico, etc., se sigue en la declaración de un paso adelante a pesar de que los contagios sobrepasa los niveles históricos, que la trazabilidad es mínima o está perdida, y se reduce a  la vacunación como la salida a la crisis, como si esta por sí sola  fuese suficiente para poder hacer frente a una crisis como esta.

El fluir de nuestro habitar nos trae a este presente, no de modo inocente, pues la deriva humana ha sido una deriva de conservación y cambio, donde en busca de la ganancia, el éxito, hemos conservado esa búsqueda del beneficio que es principalmente lineal local en nuestras decisiones y acciones. Estas movidas desde los diferentes  deseos,   nos tienen en esta encrucijada presente, que como señala  Ximena Dávila y Humberto Maturana (2020) es una ceguera social-ambiental, es decir, en un entrelazamiento dinámico no separable en su ocurrir, que nos ha llevado a una explotación del mundo natural y de las personas, “generando una desarmonización en nuestro convivir” (pág.65).

Tal como lo expresa Greta, nuestra relación con el mundo natural está rota, y tiene que ver con el modo de relacionarnos, por lo mismo se puede cambiar, porque basta con que generemos un nuevo modo de hacerlo, pero debemos entender el porqué profundo y significativo de modo tal que esta transformación sea permanente y esté al centro de lo que conservamos. Por otra parte,  de igual modo nuestra integralidad en un nosotros, también es posible recuperarla porque siempre implica un modo de habitar las relaciones y con ello de hacerlas en el vivir, es decir también podemos cambiar cómo hacemos la convivencia en todos los espacios.

Particularmente  Chile, se encuentra comenzando una conversación país constituyente que requiere que pensemos un educar ecológicamente y socialmente consciente, lo que implica una mirada a los derechos humanos y sus compromisos de convivencia, para que podamos ir transitando a un país más humano, que posibilite ir recuperando la sensibilidad sistémica desde los espacios políticos y legislativos,  hasta las aulas, que implica un convivir respetuoso,  consciente y responsable con el mundo natural y con el mundo humano, es decir el nosotros. Estos aprendizajes harían la convivencia ciudadana distinta y  toda actividad humana porque estaríamos integrando a nuestros pies en la tierra un corazón sistémico.

Por: Carolina Carvacho

Referencias

Dávila & Maturana (2020) Revolución reflexiva. Santiago, Editorial Planeta Chilena S.A.

Maturana, H (2004) Transformación en la convivencia. Santiago de Chile, Ed. JC Sáez.

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