Una nueva relación entre todos y todas

Este lunes  podíamos leer diferentes titulares en distintos lugares destacando a una mujer elegida Presidenta de la Convención Constitucional,  algunos medios internacionales señalaban “Lideresa del pueblo mapuche fue elegida como la presidenta de la Convención Constitucional de Chile”, otros como la BBC escribió “En una decisión cargada de simbolismo y reflejo del espíritu de la nueva Convención Constituyente inaugurada este domingo en Chile, Elisa Loncón fue elegida presidenta del órgano que debe redactar una nueva Constitución”. ¿ Por qué puede ser de especial interés nacional e internacional esta noticia? ¿ Qué reflexiones nos puede traer a la mano? 

Onu mujeres ha destacado en reiteradas oportunidades que “las mujeres son a menudo líderes dinámicas promotoras del cambio que impulsan a las mujeres y a los hombres a participar, reivindicar sus derechos, fortalecer las comunidades y proteger el planeta”. Elisa hace un discurso cuidadosamente hilado, que es prueba de esa afirmación,  donde conecta el cuidado, la equidad, el respeto, la historia, el perdón, el territorio desde todas las latitudes, a los viejos y a los niños, a nuestras diferencias para abrir el espacio a encontrarnos como un solo pueblo. ¿ Tendremos la audacia de mirar la sencillez y profundidad de sus palabras?. Comparto con ustedes las distintas invitaciones que me surgen a partir de  sus palabras.

Una de las frases especialmente conmovedora es la que promueve un cambio social cuyo eje central es el respeto a nuestra diversidad, “establecer una nueva relación entre el pueblo Mapuche, las naciones originarias y todas las naciones que conforman Chile”. Esta invitación es verdaderamente notable, va más allá de los límites de una convención, porque habla de co-crear una base común que permita una reconciliación, que abracemos el perdón de ser necesario y salgamos de los espacios de discriminación. Implica redescubrir en el fluir de la convivencia  una dinámica relacional de mutuo respeto, que sustente esa nueva relación y abra los espacios a la confianza, ya que solo si se generan estos espacios de cuidado mutuo porque me importa el otro, la otra, es posible escucharse desde la legitimidad de las diferencias que surgen y van a surgir en lo cotidiano.

Todo nuestro vivir se realiza en la cotidianidad, a la vez todo nuestro vivir es sistémico-sistémico, aunque nos cueste dimensionarlo está ahí como condición de nuestra existencia humana como seres sociales; eso evoca por ejemplo, frases tan comunes como tejido social.  Si nos detenemos a mirar que decimos con palabras como estas,  veremos que nos referimos a  la matriz de relaciones locales pero que se integran de modo tal que generan pertenencia, identidad,  solidaridad y cohesión entre las personas en la convivencia ciudadana dando sentido a un espacio más amplio que el individual,  que es el de un  nos-otros como comunidad humana, porque entendemos que nuestros procesos van concatenados con otros cual hilado de un tejido. 

La invitación de Elisa Loncón puede parecernos abstracta pero no lo es, es extremadamente concreta requiere que cada uno de nosotros deje aparecer a cada uno de los otros más allá de sus orígenes y dar el lugar que corresponde a cada otro como un co-igual y co-partícipe en cada uno de los espacios de la convivencia social, sin importar ese origen distinto, como tampoco las diferencias propias de nuestra individualidad en la concretitud de la cotidianeidad, cuando nos miramos en el transporte público, cuando  por cualquier circunstancia debemos trabajar juntos o cuando debemos prestar servicio o me presta servicio ese otro, etc. ¿ Cuál es el trato que doy a cada otro en lo cotidiano? ¿ Lo veo o no como un co-igual en dignidad humana? ¿ Acepto que tiene el derecho a pisar el suelo que piso, a vivir y respirar el aire que respiro? ¿ Justifico la discriminación? ¿ Estoy dispuesto a buscar mis sesgos y a correr las brechas en cuanto a lo que a mi concierne?.

Si nuestras acciones en lo cotidiano son de descalifiación, discriminación o exclusión queramos o no,  estamos reiteradamente restringiendo el curso de la convivencia en la negación, en un espacio que nos puede parecer local y poco significativo,  pero los alcances son mucho más amplios que los que podemos  dimensionar,  estaremos consciente o inconscientemente cerrando los espacios a la convivencia democrática, en “un convivir insensible y ciego” en nuestras relaciones con los demás, ese será el camino que estaremos tejiendo.  

Elisa pienso, nos hace un llamado no a  acciones extraordinarias sino a acciones simples y cotidianas para por una parte soltar el ego,  el miedo y la desconfianza al otro, y por otra parte, asirnos a una convivencia consciente con nosotros mismos como un solo pueblo pero también con el mundo natural al comprender la crucial relación de nuestra dinámica como unidad ecológica organismo-nicho, cuyo vivir humano está integrado al vivir del planeta. 

Las palabras de esta lideresa se circunscriben a Chile por cierto, pero sabemos y entendemos que  son muy vigentes para América Latina en general, donde el clamor para ampliar la democracia implica a cada persona en cada comunidad humana de norte a sur , de este a oeste, ya que es central generar procesos de transformación cultural con sentido humano donde podamos mirar y ver dónde estamos, esto implica  ver y dejar aparecer el mundo que vivimos y que generamos con nuestra convivencia ( Dávila & Maturana, 2021)  y si queremos efectivamente recuperar la armonía en la convivencia, podemos reencontrarnos en un convivir sensible a los dolores que generamos en lo cotidiano y buscar en un nosotros, en el colectivo repararlos. Esta tarea no es solo de las personas en particular e individual, también es de las organizaciones (personas en una comunidad) que comprenden su responsabilidad social empresarial en el desarrollo de los países, de las personas y de las comunidades que posibilitan su existencia. 

Otra de las tantas frases notable, es el saludo especial a su madre y con ello a todas las madres, ya que tiene a la suya sabiendo lo que ella está haciendo, esto me evoca el espacio de respeto y consideración al padre o a la madre que tanto hemos perdido en esta cultura donde muchas veces los olvidamos y abandonamos. ¿ Cuántos de nosotros se preguntan por sus viejos mientras hacen lo que hacen? ¿ Cómo se sentirá mi padre o mi madre con lo que hago hoy? ¿ Cuán ético soy a la hora de darme cuenta que lo que hago puede afectarlos? Son preguntas reflexivas que si nos las hacemos hablan de nosotros mismos.  

Para terminar, pensando que aún quizás me quedo corta, toca otro espacio de responsabilidad que deberíamos tener espontáneamente los adultos con la infancia en los distintos ámbitos de la convivencia y que reiteradamente pasamos por alto; sin embargo, ella lo pone naturalmente en su conversación al decir  “a los niños que nos están escuchando”, esos niños que hoy pueden ver que estamos buscando un nuevo modo de relacionarnos, que le estamos diciendo y esperamos que mostrando nuestro compromiso de “que se funda un nuevo Chile plural, plurilingüe, con toda la cultura, con todos los pueblos, con las mujeres, con los territorios”.  Estas palabras le dan una dimensión  que invita a cada adulto a mirar lo que hacemos en lo cotidiano, nuestro niños nos están viendo, ¿ Qué están viendo y aprendiendo con lo que hacemos? ¿ Nuestras invitaciones son excluyentes o son un espacio para que nos encontremos desde esa diversidad “todos”?.  

En un discurso de poco más de 6 minutos, nos encontramos con una mujer, mapuche, chilena, latinoamericana, que nos invita a comprometernos en serio con una nueva convivencia, a fortalecer las comunidades, a proteger el mundo natural. Si este espacio psíquico de colaboración y co-inspiración lo hacemos posible, se puede constituir en la buena tierra para realizar un nueva comunidad humana, en un cosmos de responsabilidad social ética en armonía ecológica, pero tenemos no solo que desearlo sino que realizarlo en la concretitud de nuestro convivir cotidiano, cada uno en su propio lugar y espacio; la responsabilidad no es solo de Elisa, no es solo de una convención, es de todos nosotros.  

Escrito por: Carolina Carvacho

Referencias bibliográficas:

Dávila & Maturana (2021) Revolución Reflexiva. Editorial Planeta Chilena S.A.