El vivir es siempre local en su ocurrir y es un presente cambiante continuo en el fluir de su suceder. El presente cambiante continuo del fluir del suceder del vivir es siempre local en su transitoriedad, y todo sucede en el ocurrir de la totalidad del cosmos que los seres humanos traemos al existir al reflexionar sobre lo que hacemos en la localidad de nuestro vivir.

Y así ocurre nuestro vivir humano en la consciencia del pasado, presente y futuro que in- ventamos al explicar el suceder de nuestro vivir como personas. El que esto es así no es extraño. Podemos verlo en nuestro vivir cotidiano al viajar en automóvil de una ciudad a otra. Sin duda sabemos a dónde vamos o queremos ir como destino final, pero lo que nos guía en cada instante en nuestro viaje es la consciencia de nuestra localidad pues es desde lo que sentimos y vemos en la localidad de cada instante de nuestro presente cambiante continuo donde elegimos lo que hacemos en ese instante.

Sólo si los sentires que hacen a nuestro pasado y nuestro futuro parte de nuestro presente están presentes en nuestro actuar, nuestro actuar tendrá sentido de pasado y futuro en el presente de nuestro vivir. Y eso ocurrirá sólo si en nuestro presente sentimos y vemos la matriz sensorial-operacional-relacional del vivir que vivimos, y sólo si eso ocurre actuaremos eligiendo lo que hacemos en consciencia del presente que vivimos.

El presente no es una tajada plana de un fluir temporal lineal. El presente es una matriz o trama cambiante multidimensional de los sentires, deseos, miedos, haceres, alegrías y aspiraciones que constituyen en cada instante el ámbito de las orientaciones conscientes e inconscientes de la deriva del fluir de nuestro vivir. Matriz sensorial-operacional-relacional que llega tan lejos como nuestro sentir y nuestro ver.

Si tenemos una red que está sostenida tensa horizontalmente al estar amarrada a un cierto número de pilares, podremos ver al poner sobre ella un peso en algún punto cualquiera que la red completa se deforma, y nos daremos cuenta que se deforma de distinta manera según el punto donde pongamos el peso. Es más, podremos ver también que la deformación de la red es distinta según el punto en el que pongamos el peso, y que la red se deforma de manera continua si movemos de manera continua el peso sobre ella. En fin, si miramos la red pegados casi a ella en el punto en que se encuentra el peso no vemos la totalidad de la deformación de la red, sólo si miramos desde más altura podemos ver más sobre la extensión de la deformación de la red.

Todos sabemos esto, y lo hemos aprendido en nuestros juegos cuando niños, sin embargo, es posible que no todos nos demos cuenta de que algo parecido ocurre con el presente cambiante continuo de nuestro vivir.

El mundo que vivimos surge en el presente cambiante continuo de nuestro vivir como una matriz o trama multidimensional de procesos y relaciones cambiantes que aparecen y desaparecen ante nuestro mirar y hacer según nuestros sentires íntimos; matriz o trama sensorial-operacional-relacional en la que vemos tan cerca o tan lejos lo que vemos según nuestros sentires íntimos y en la que actuamos según nuestros sentires íntimos y nuestros deseos … según las emociones que dan forma a nuestro hacer y según lo que queremos conservar en el ámbito relacional de nuestro convivir. Sentimos nuestro vivir en la soledad íntima de nuestro ser biológico individual, pero vivimos nuestro vivir en la comunidad íntima de nuestro convivir como personas.

La responsabilidad ocurre en la localidad del vivir. Vivimos nuestro vivir como personas siempre con otros a los que queremos o no queremos, sin embargo, siempre está presente el amar si queremos ver. La palabra responsabilidad connota la orientación en el vivir y convivir a estar siempre dispuesto a ver y aceptar las consecuencias sobre si mismo del propio hacer. Pero, ¿a ver dónde? En la localidad del propio vivir. Pero, ¿cómo si la localidad es cambiante?

Ese es el gran tema, los seres humanos vivimos en el convivir como personas con otras personas generando mundos que constituyen la localidad de nuestro vivir y convivir de modo que la localidad de nuestro vivir individual nunca es individual, siempre es la localidad del convivir de las comunidades que generamos y es allí donde vivimos nuestra responsabilidad. En el sentir y ver que somos siempre miembros de una comunidad y que es la localidad de la comunidad en que realizamos nuestro vivir la que tenemos que sentir y ver en la máxima amplitud que nos sea posible para vivir nuestra responsabilidad individual en verdad desde el amar.

Humberto Maturana 

Co-fundador de Matríztica

Matríztica® 2019 

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